Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.
(1 Corintios 3:16-17)
En un rincón del corazón humano hay un anhelo por espacios sagrados, lugares dónde la presencia de Dios se siente más cercana. Me conmueve profundamente las historias de violencia en éstos lugares sagrados, no sólo por la afrenta a la vida, sino por la profanación de lo santo.
La Escritura nos revela una verdad sublime: tu cuerpo es el templo del Espíritu Santo.
Así como un edificio consagrado, tu ser es un espacio sagrado, digno y merecedor de respeto.
Si te encuentras en una relación dónde el abuso es la sombra que mancha tu templo, es momento de reflexionar y proteger ésa santidad que reside en ti.
La destrucción de tu templo debe causarte repulsión, tal como lo haría el ultraje a un lugar de adoración.
Mujer no te sacrifiques en el altar de la complacencia humana, tu pareja no es tu dios, en cambio, consagra tu cuerpo y tu ser al Único que te ama con un amor que supera toda comprensión.
Al hacerlo, no sólo estarás preservando tu vida, sino también rescatando la posibilidad de una existencia plena para ambos.
Mujer De Fe 🙏🏻 🙌

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