Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote.
Ella había agotado todas las opciones, ya no le quedaba nada, a lo largo de los años, había consultado a cada especialista, sus ahorros de toda la vida se habían esfumado, pero su enfermedad persistía.
¿Has estado alguna vez en ese punto límite? ¿Consciente de que tu habilidad y recursos simplemente no son suficientes?
Yo definitivamente he estado ahí, hoy me inspiro en la vida de una mujer afligida que sabía exactamente a quién acudir: Jesucristo, el todopoderoso lleno de compasión, Dios hecho carne.
Con humildad, consciente de su propia fragilidad, se acercó a Jesús y tocó el borde de su manto. Tal vez pensaba: “Sé quién eres; Tú puedes sanarme, solo necesito alcanzar y tocar, incluso tu ropa.
Ésa fe pura, inmaculada, no contaminada por la dependencia de nada más que del propio Dios-hombre, captó la atención de Jesús. Él derramó su poder y restauró su quebranto.
¿Alguna vez sientes que tu fe es demasiado pequeña? Yo si lo he sentido así y me ¡animo!
Una fe del tamaño de un grano de mostaza es suficiente cuándo descanso en el Dios todopoderoso para quien nada es imposible.
Enfoquemos nuestros ojos en Jesús, no en nuestros problemas. Cuando no tenemos nada más que la fe, tenemos lo suficiente.
Mujer De Fe 🙏🏻 🙌

No hay comentarios:
Publicar un comentario